Atento a las vibraciones
que su propio instinto emite,
equilibra cada músculo
mientras prepara el envite

del rival que pone a prueba
su instinto de salvación
y con intención malvada
pone en órbita el balón.

Mientras la intuición de Aharón
espera su trayectoria
atento por si el bloqueo
la deforma a última hora

y aquello es una carrera
de velocidad endiablada
entre el balón y su instinto
en lucha desencarnizada.

Infinitas vibraciones
las que debe controlar
en décimas de segundo
para el impacto evitar

y que el balón quede vivo
y en actitud amigable
para poder colocarlo
y culminar el ataque.

Infinitas vibraciones
las que Aharón domestica
y tal vez por eso mismo
su carisma simpatiza

con el público que vibra
con su defensa entregada
y sus palmas acompasan
los cánticos de la grada.

Dedicado a Aharón Gámiz