“Conciertos”

 

Escenas inolvidables
que nos deja la ocasión
cuando el arte y el talento
actúan desde el balcón.

Los más íntimos vecinos
y los más desconocidos
disfrutan y se fusionan
con las palmas y estribillos.

Pero no sólo son éstos
los conciertos que se escuchan,
hay otros que disfrutamos
como no lo hicimos nunca.

Desde la misma ventana,
el intérprete ahora es otro
que canta sin un guión
y nadie le hace los coros.

Cuelga notas en el viento,
hace pausas por el vuelo
de sus alas y, de nuevo,
vuelve a cantar desde el suelo.

Un prodigio natural,
música en estado puro,
que recorre nuestros pueblos
sin obstáculo ninguno.

Llega el momento central
de la sesión matutina,
me resulta escaso el tiempo
de éxtasis de San Virila.

¡Oh, música celestial!
¡Cuánta creatividad!
No hay pisadas, no hay motores
que obliguen a su final.

A veces otro cantor
se incorpora en armonía,
a veces se hacen relevos,
nunca faltan melodías.

La furgoneta del pan
suena y me hace comprender
que no sólo de emociones
vive el hombre y la mujer.

Foto superior: Maialen Lecumberri Lanz
Foto inferior: José York

“Procesión”

Símbolo de nuestras calles,
sentimiento y tradición,
silencio de duelo roto
por la fuerza del tambor.

Abre paso a los acordes
de trompeta que planean
llegando a cada rincón
y, poco a poco, penetran

despertando sensaciones
en nuestra casa interior
que llevaban en letargo
desde el periodo anterior.

Entra en los cuartos oscuros
del alma la procesión
cuando la ciudad se tiñe
del color de la pasión.

Cada uno a su manera,
con más dolor o más gloria,
recordando el sacrificio
que cambiaría la historia.

Y la historia del idioma
nos ha dejado un refrán,
“la procesión va por dentro”,
es la hora de meditar

cuál es su significado,
cómo hago mi procesión
en este momento histórico
en que todo es interior.

Los instrumentos ya suenan,
las velas también dan luz,
la procesión va por dentro,
sólo falta que entres tú.

“Buscar el sol”

No disfrutamos del sol
en el campo y en la playa,
nuestros planes no se tuercen
por tormentas desatadas.

Y aún así sigo mirando
el tiempo que vaticinan
esperando ver los rayos
de sol el próximo día.

Aunque no afecte a los planes
el sol llena de alegría,
el cielo gris es tristeza,
la lluvia melancolía.

Se ve que el sol ilumina
nuestro exterior e interior,
la energía sostenible
que da fuerza al corazón.

Tal vez en los días grises
es momento de pensar
que el sol también ha salido,
que en algún lugar está.

Igual que con un amigo,
que un día viene a vernos,
otro día la visita
nosotros le devolvemos.

Esa esfera es nuestra amiga,
en los días soleados
abandona su morada
para estar a nuestro lado.

Y en los días más oscuros
hemos de ir a visitarla,
partir desde el corazón
hasta lograr encontrarla.

Habla con tu corazón,
él que tiene sintonía
con la esfera luminosa,
es posible que te diga

donde puedes encontrarla
adónde tienes que ir
a encontrarte con el sol
cuando no puedes salir.

“Homenaje”

Llegaste en un país roto
por el odio de la guerra,
te vas en un país roto
por el miedo a la pandemia.

Conociste a tu país
en la más honda pobreza,
también en el desarrollo
y tiempos de más riqueza.

Trabajaste desde niño
y siempre de sol a sol,
tu universidad fue la vida,
resumida en tu sudor.

Y nunca te agradecieron
tu indudable contribución
más allá de en una humilde
conversación de sillón.

Una vida de trabajo,
respeto y educación
y, ante cualquier incidente,
el innegable perdón,

que tanto se echan de menos
en otras generaciones,
por eso lo que perdemos
con tu partida es enorme.

Te vas y ni tus más íntimos
pueden ir a despedirte
mas su triste corazón
no dejará de aplaudirte.

Con sencillez y humildad
fuiste en un héroe en tu vida
y en los mismos atributos
lo eres en tu partida.

Te vas y decimos “gracias”
pues no se inventó otra palabra
para honrar como merece
tu vida tan abnegada.

He aquí nuestro homenaje
de la forma más sincera
a quien llegó en una guerra
y se fue en una pandemia.

Foto: Marcelino Azcoiti

 

“Imprevisto”

Pasan los días sumidos
en un estado imprevisto,
comprar el pan es viajar,
sacar al perro, un idilio.

Y ya puestos a vivir
el imprevisto absoluto
he empezado a buscar duendes
esperando ver alguno.

Los busco bajo la cama,
los busco en cada rincón,
detrás de todas las puertas
y en el bote del jabón.

Cuando subo la persiana
y me quedo a trabajar
paso un rato en la ventana
a ver si veo pasar

un centauro cabalgando
que pare junto a mi casa,
me deje montar en él,
abrazar su fuerte espalda.

Cerrar los ojos, correr
con unicornios al lado,
abrirlos y contemplar
cómo aterriza Pegaso.

Dudo que todo esto ocurra
mas lo de los duendes sí,
aunque no podamos verlos
ellos sí que están aquí.

Están en nuestros balcones
y hacen brotar la amistad
entre vecinos que nunca
se detenían a hablar.

Están en tu habitación
y te enseñan a tocar
un instrumento de música,
a pintar o dibujar.

Están en nuestros pequeños
que envían cartas de amor
a residencias de ancianos
llenándoles de ilusión.

Están en el que descubre
una nueva habilidad
que nunca quiso intentar
porque se sintió incapaz.

Busca porque hay muchos duendes,
en todas partes están,
aunque no llegues a verlos
podrás con ellos hablar.

Foto superior: Residencia Nuestra Señora del Pilar de Lerín
Foto inferior: Agustín Garnica

“La curva”

Paso una vida entre curvas,
las de oferta y de demanda,
luego vivo en otra vida
cuando acaba mi jornada.

Pero el destino ha fundido
todas las vidas en una
y todos nos encontramos
en vilo por una curva.

Es la curva de contagios
por la que toca pasar,
no sabemos su largura
ni grados que hay que virar,

lo irregular del terreno,
su pendiente y desnivel,
pero lo que sí hemos visto
es su enorme terraplén.

Curva para la que nadie
estaba muy preparado
y no vimos la señal,
entramos acelerando.

Hemos frenado de golpe,
hemos perdido el control
y tenemos la esperanza
en su punto de inflexión.

Hoy parece que ha llegado,
mañana parece que no,
queremos frenar la curva,
que cambie su inclinación.

Todo lo que sube baja
y esta curva bajará
y bajaremos por ella,
volveremos a abrazar

la vida sin los contagios,
la vida en horizontal
pero con todas sus curvas,
es vida, es lo natural.

 

“Familia”

Mi madre conjugó un verbo
y un predicado mi padre
con el mismo género y número
y lo demás ya se sabe,

dando lugar a un sujeto
que hace rimas para ustedes
para que esta cuarentena
sea un poquito más leve.

Un cumpleaños distinto
aquí en el confinamiento,
diferente e imprevisto
pero sin ningún lamento.

Se encuentra mi corazón
en un estado de fiesta,
por la gente que me quiere
y que me lo manifiesta.

No sólo siento el calor
de mis más íntimos seres
que habitan en mi morada,
con sus cantos y presentes.

Siento calor y caricias
de todos los que estáis fuera
unidos en esta lucha
que llamamos cuarentena.

Pues es curioso tener
que hacer la separación
para sentirnos más juntos,
para notar más unión.

Sentimiento de familia
por las tierras y los mares,
lo que el virus ha unido
nunca lo separe nadie.

 

“Calor de hogar”

Tal vez eran navideñas
y entraron en un letargo
para alegrarnos el día
en este final de marzo.

Para poner su granito
de nieve a la cuarentena,
haciéndonosla más leve,
haciéndola más amena.

Al final nuestros sentidos
son un juego de contrastes,
me siento más acompañado
cuanto más solo estuve antes.

Y así cuando me deleito
con nieve tras el cristal
suben en casa los grados,
siento más calor de hogar.

Puede ser invitación
para sentarnos más cerca,
para hacer algún bizcocho
o encender la chimenea.

Nadie lo planeó así
pero ahora estamos juntos,
juguemos a crear algo
como el fuego crea el humo.

Viendo cómo se derrite
la nieve primaveral,
lo que hoy juntos creemos
tampoco permanecerá.

Mas nos alegrará un rato
como esta nieve matinal
que ha despertado sonrisas
trayendo calor de hogar.

“Una canción”

Este periodo de encierro,
este viaje al interior,
nos está dejando ver
el poder de una canción.

Siempre habíamos oído:
“la música amansa a las fieras”,
tal vez porque nos relaja
adormeciendo a la bestia.

También nos trae optimismo
como ese “Resistiré”
que nos invita a ser fuertes
y en uno mismo creer.

Pero otras veces buscamos
algo de melancolía
y queremos recogernos
con íntimas melodías.

La suerte es que si buscamos
en el baúl de los discos
siempre encontramos alguno
para el estado preciso.

Cambia el viento y siempre hay
un ritmo que nos abriga,
acudimos y responde
igual que una fiel amiga.

Es tal vez porque en nosotros
hay muchos distintos yo,
cada uno, a su manera,
cree tener la razón.

Pequeñas guerras civiles,
constantes luchas internas,
que no sabemos leer
pero nos desasosiegan.

Y cuando una canción logra
ponerlos en sintonía,
de la cabeza a los pies,
consiguiendo la armonía

la unidad de tu interior
se vuelve a reestablecer
y tienes la sensación
de bienestar y placer.

“Tu esencia”

Los sectores no esenciales
se unen a la cuarentena,
menos gente habrá en la calle
y más en la madriguera.

Como con los tres cerditos
que se escondieron del lobo
pero derribó dos casas
con su poderoso soplo.

Ahora estamos todos juntos
en la casa de ladrillo
donde el cimiento es tan fuerte
que soporta los soplidos.

Ya se hartará de soplar,
ya perderá su resuello,
tal vez se nos haga largo
mas tenemos el consuelo

de que hay más gente en la casa,
compartiendo las tareas,
cocinar, fregar, barrer
y más gente haciendo fuerza.

Más gente para aplaudir
para coser mascarillas,
ayudar con los deberes
y acompañar a las crías.

Y seguro que así surgen
en este nuevo escenario
nuevas formas de ayudar,
de ejercer voluntariado.

Tal vez no eres esencial
para salir de tu hogar,
mas demostrarás tu esencia
en tu forma de ayudar.

Quédate sólo en tu cuarto
en contacto con tu esencia,
tal vez se le ocurra algo
que aumente nuestras defensas.

Foto inferior: Alicia Olivar