“El calor de tu regazo”

No hay nada como el calor
que desprende tu regazo
y, sin dudar, lo regalas
al estrecharte en tu abrazo.

Cual bebé me quedaría
fundido en ese calor
que pasa por tus entrañas
brotando del corazón.

Y, en medio de esa pureza,
puede crear su raíz
el silencioso enemigo
que amenaza tu vivir.

Y, aunque cueste imaginar
que un corazón tan valiente
pueda verse limitado
a la hora de hacer frente,

es así y, por eso, yo
te presto mi corazón
e iniciaré una cruzada
para lograr un montón

de corazones prestados
que se cuelen en tu seno
y luchen hasta lograr
la victoria en ese duelo.

Da igual de dónde vengan
ni quién los haya prestado,
si son de alguien conocido
o pertenecen a extraños

lo importante es que nos quieren
y que han venido a ayudarnos
a luchar por preservar
el calor de tu regazo.

Y aunque, por recibir golpes
puedan acabar marcados,
su dicha será mayor
al fundirse en tus abrazos.

“Bala”

Corredor de motor diésel
siempre hacía su carrera
en silencio y con constancia
sin alardes de grandeza.

Corredor de motor diésel
que, cuando muchos llevaban,
sus motores al desguace
a la pista se pasaba

demostrando aquella frase
que muchos suelen cantar
de que los viejos roqueros
no van a morir jamás.

Y, cuando muchos roqueros
de su edad ya no recuerdan
en qué cajón o en qué armario
sus instrumentos conservan,

él ha empezado a tocar
sus acordes más brillantes
por algo está en esa edad
la que llaman de diamante.

Y su diamante ha brillado
en su mayor esplendor
en la pista gaditana
donde su joven motor

dio un recital en la prueba
mítica de Fermín Cacho
dosificando su esfuerzo
y llegando aventajado.

Y, después de ese mordisco
con sabor a miel y gloria,
ha escrito en el ochocientos
otro cacho de la historia.

Corredor de motor diésel
pero espíritu de Bala
hoy brilla como un diamante,
doble campeón de España.

Fotos: Juan Moreno Chocarro

“Su capitana”

País que nació enclavado
en la Europa más central
y que quiso decantarse
por una imparcialidad

por la que recibió gente
que huía de los extremos
buscando un lugar tranquilo
donde comenzar de cero.

Y así fue también llegando
a la orilla de sus lagos
quien en su lugar de origen
no encontraba su trabajo.

Y ese mosaico de sueños,
de gente, de diversidad,
la convirtió en una tierra
llena de prosperidad.

Y, para llegar más alto,
necesitaba un fichaje
que saltara hasta las nubes
a ejecutar su remate.

No sólo en ella encontró
acierto en la ejecución,
encontró la simpatía
que impregna con su calor

y, rindiéndose a todo ello,
le ha entregado los galones
que le darán aún más fuerza
al golpear los balones.

Y en cada piña post-punto
sentirán sus camaradas
el calor y la confianza
que les da su capitana.
Fotos: Jonathan Vallat, Volley Franches Montagnes

“Su capitana”

País que nació enclavado
en la Europa más central
y que quiso decantarse
por una imparcialidad

por la que recibió gente
que huía de los extremos
buscando un lugar tranquilo
donde comenzar de cero.

Y así fue también llegando
a la orilla de sus lagos
quien en su lugar de origen
no encontraba su trabajo.

Y ese mosaico de sueños,
de gente, de diversidad,
la convirtió en una tierra
llena de prosperidad.

Y, para llegar más alto,
necesitaba un fichaje
que saltara hasta las nubes
a ejecutar su remate.

No sólo en ella encontró
acierto en la ejecución,
encontró la simpatía
que impregna con su calor

y, rindiéndose a todo ello,
le ha entregado los galones
que le darán aún más fuerza
al golpear los balones.

Y en cada piña post-punto
sentirán sus camaradas
el calor y la confianza
que les da su capitana.

Fotos: Jonathan Vallat, Volley Franches Montagnes

“Grabada a fuego”

En el Citröen GS
mi sabio padre advertía
que no fuese a disgustarme
pues mi equipo perdería.

Último contra primero,
y encima de visitante,
no había nada que hacer
el domingo por la tarde.

Y tal vez me lo creí
hasta que rodó la esfera
teñida de nuestro azul
en la mítica Galera.

Goliat no podía dar crédito
al verse tan desbordado
por David que iba creciendo
asestándole sus palos.

El héroe de la Galia
era nieto de don Galo
y espoleaba a sus bleus
pasando sobre el contrario.

Autopases y regates
de los que hacen historia,
iniciaba los ataques
e hizo el gol de la victoria.

El héroe de la tarde
me contó la explicación
de cómo se fue forjando
tan magna motivación.

La que forjó la victoria
nació en una discoteca
cada sábado de invierno
donde los chicos se retan.

“Os vamos a meter doce”
era la frase imprudente
que a la bestia picaría
poniéndole tan caliente

que aquel niño que en la grada
celebraba la victoria
la tiene grabada a fuego
como una imborrable historia.

Y, como seguíamos últimos,
ahí tuvo su esplendor
el legendario refrán:
“quien ríe último, ríe mejor”.

“La banda de Lerín”

Como piedras en mosaico,
como estrellas en acción
que en conjunto hacen que brille
toda la constelación.

Haciendo soplar el viento
en tonos muy diferentes,
percusiones de tambor
o de bombo contundente.

Siempre poniendo el talento
al servicio del conjunto,
con voces muy diferentes
pero el ritmo sólo es uno

porque el director aúna
las virtudes de sus miembros
combinando habilidades
y dando conocimientos.

Sacrifican muchos planes
y momentos familiares
por amenizar las fiestas
y actuaciones culturales.

Seguro que les compensa
no sólo por el placer
de hacer algo que es bonito
y al mismo tiempo aprender

mas también el trofeo
que reciben de la gente
cuando al recorrer las calles
ven sus rostros sonrientes.

Porque no hay mayor regalo
que una sonrisa sincera
igual que sincera es
la tan merecida deuda

que la banda de Lerín
tiene con Pablo Gallego
y siempre lo reconoce
con su gesto más sincero.

Sólo puedo decir gracias
por regalar vuestro tiempo,
regalando esos acordes
a vuestro querido pueblo.

Fotos: Quique Lorente

“Nombres de calles”

Pueblo cuyos habitantes
destacan por el placer
que recorre cuerpo y alma
a la hora de comer.

Piperos, ranchos, meriendas,
chistorradas, migas, pinchos,
calderetes, bizcochadas
y, antes de comer, los fritos.

Por eso no es de extrañar
que de todas nuestras calles
con un nombre de comida
haya una que se halle.

La calle del Abadejo
y debería haber más:
la de la Sopa de Almendra,
nuestro postre popular.

Y, puestos a engrandecer
y a honrar las tradiciones,
dedicaría una calle,
pero una de las mejores,

al manjar más exquisito,
que en Lerín se hace sublime,
y sólo los elegidos
su grandiosidad distinguen.

Por supuesto, el Patorrillo,
el que la gente vulgar
pregunta de qué consiste
y no se atreve a probar.

Pero ya dice el refrán:
“No está hecha la miel pa’l asno”
y aunque la miel es gloriosa
nunca llegará a ser tanto

como esa divina mezcla
de sangre, patas y entrañas
que, en su salsa, a fuego lento
todo su esplendor alcanza.

“Del mar el mero y de la tierra el cordero”
y a ese delicioso ser
le sacó toda su esencia
alguna sabia mujer

que en su lerinesa olla
mezcló con ajo y cebolla,
con aceite y con tomate
y que fue tan generosa

de compartir su receta
con las gentes de la villa,
ese ser tan especial,
esa persona divina

que las diosas de la Grecia
no le llegan ni a la altura
de la alpargata que calza,
yo le haría una escultura.

No se transmitió su nombre
pero sí su creación
y con un nombre de calle
yo honraría tal acción.

“Aulas y patios”

Recuerdos de aulas y patios,
de pasillos con murales,
de gimnasio y espalderas
y actuaciones teatrales.

Tantas cosas aprendimos
y aun después de tantos años
innumerables lecciones
intactas las conservamos.

El templo de aprendizaje
donde pasamos la infancia,
sin ningún tipo de alarde
siempre estuvo a la vanguardia.

Cuando lo de reciclar
se hallaba en la prehistoria
con la operación papel
íbamos haciendo historia.

No había huerta ecológica
pero en el día del árbol
aprendimos a cuidar
el entorno y repoblarlo.

Practicamos un montón
de deportes diferentes
y al llegar las Olimpiadas
sobresalíamos siempre.

Infinitas las escenas
que quedan en el recuerdo:
los días de las vacunas
y la época en que el lechero

nos traía minibricks
y ardía la expectación
por conocer cada día
a qué tenía sabor.

Tardes de ajedrez y damas
en la sala audiovisual
y para clase de plástica
teníamos que comprar

las tablas que nos vendían
Pepe Zudaire o Fidel
y también Marcos Chocarro
nos cortaba en su taller.

Cuántas bromas se gastaron
con el mítico esqueleto
que había en el laboratorio
de mi querido colegio.

Siempre estuvo a la vanguardia
está y siempre lo estará,
porque ésa es su impronta,
su seña de identidad.

“Los ranchos”

Lunes de Pentecostés
y el ocho de septiembre,
el día en que la novena
de la Blanca echaba el cierre.

A muchos nos encantaba
bajar por el caminillo,
con riesgo por despeñarnos,
hasta llegar al destino,

donde el pueblo se juntaba
y se hacían tan patentes
la ilusión y la alegría
en un día diferente.

Tras la misa, las campanas
que nos dejaban tocar
a los niños provocando
una emoción especial.

Y, tras los besos y abrazos,
las cuadrillas se juntaban
a organizar las comidas
en los sotos y cabañas.

El día de las meriendas
o los ranchos, para otros,
a mí siempre me gustaba
celebrarlo en algún soto

que congregaba cuadrillas
de muy diversas edades
con lazos de vecindario,
de amistad o familiares.

Se acercaba el mediodía
y llegaban los momentos
que sacaban a la luz
el nivel de fundamento

de las distintas cuadrillas,
pues algunos ya tenían
casi acabado el caldero
mientras los otros pedían

en sucesión de ocasiones
si les sobraba el aceite,
la sal, el ajo o el agua
y pasaba habitualmente

que esos desorganizados,
la gente sin previsión,
no sufría esa escasez
con las bebidas de alcohol.

Pero siempre ambiente sano,
festividad y alegría
e innumerables canciones
al acabar la comida.

Si el tiempo era generoso
había baños en el río,
dejando escenas que nunca
caerán en el olvido

con niños y adolescentes
en el puente de Piezalaparda
convertido en trampolín
igual que en las Olimpiadas.

Y, cuando acababa el día,
mi regreso favorito
cuando alguien subía al pueblo
en su remolque a los niños.

Foto superior: Julio Asunción
Foto inferior: Javier San Juan Arellano

“Santa Bárbara”

Los de Lerín somos los mejores,
aunque toda la gente es buena,
porque el resto sólo se acuerda
de Santa Bárbara cuando truena.

En cambio los de Lerín
nos acordamos todo el año,
la tenemos por patrona
y presente en el retablo,

dibujada en las gaseosas
que embotellaba mi abuelo
y también tiene una calle
con su nombre en nuestro pueblo.

Por eso no es de extrañar
que, cuando cayó la campana
y cuando se coló el rayo,
nos rescató Santa Bárbara.

Hay versiones que decían
que estaba la plaza llena,
otros que estaba vacía
pero de milagro era,

como contaba en su chiste
el mítico Carbonero,
“la plaza estaba vacía
y casi mata a medio pueblo”.

Cada uno crea lo que quiera,
yo no intento convencer,
sólo expreso la emoción
que me produce que creer

que en la corte celestial,
con un nombre que impresiona,
la patrona de las guerras
es mi santa protectora.

Por tanto no necesito
al primo de Zumosol,
a ver quién me tose ahora
teniendo su protección.

Yo la seguiré invocando,
aun cuando todo esté bien,
y cuando regrese al templo
me acercaré a agradecer.

Y cuando llegue su día,
cada cuatro de diciembre,
haré comida especial
como ella se merece.

Foto superior: José York
Foto inferior: Josecho Chocarro