“Mi nuevo viaje”

Un día se miró al espejo,
tal vez no le gustó su aspecto
y pensó que estaría mejor
si se ponía un sombrero.

Y entonces vino a su memoria
su infancia en el dúo gala
conquistando un disco de oro
con la canción mexicana.

Y no dudó en elegir
el sombrero que tocaba
y con su traje de charro
volvió de nuevo a la carga.

Y esa ilusión renacida
se ha hecho mayor de edad,
pues ha cumplido dieciocho
y no cesa en deleitar.

Y ha celebrado el evento
con su disco número trece
el que algunos afirmaban
que traía mala suerte.

No sólo ha sabido unir
el número uno y el tres
sino que lo ha puesto todo
de delante y del revés.

Y mezclando y fusionando
ha hecho un monumento al arte
pues no hay nada más hermoso
que hermosura en mestizaje.

Ojos negros flamencones,
bolero, reggae loquillo,
sabrosura caribeña
y la de la saga Urquijo.

Acordes de vieja molienda,
historia de alma rapera
y legendarias guitarras
y voces de raza roquera.

Y para que cuando hierva
alcance el máximo sabor,
folklore de nuestra tierra
con mítico acordeón.

Y algo también de ranchera
que si no no tiene excusa
para lucir el sombrero
que su flequillo camufla.

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“Enalteciendo el balón”

Ella siente por la esfera
infinita devoción
por eso pasa su vida
enalteciendo el balón.

Lo recoge con sus manos,
arquea todo su cuerpo
y lo eleva a las alturas
haciendo que el mundo entero

lo contemple majestuoso
y, en su máximo esplendor,
sea admirado por todos
reverenciando su honor.

Y que prosiga el tributo
hasta que abandone el cielo
y en su laudable trayecto
baje en dirección al suelo.

(Dedicado a Silvia Araco)

 

“Carácter”

Como un animal de presa
pone al límite sus músculos,
tensa sus dientes, sus venas
y ese carácter tan suyo

y se lanza a por la bola
y es capaz de levantarla
de inverosímiles formas
para que puedan jugarla.

Se hace dueña de la red
y otra vez saca su instinto
para colocar remates
que den puntos a su equipo.

Y de nuevo volverá
a ir en busca de la presa
hasta completar el ciclo
que su carácter le ordena.

(Dedicado a Marina Saucedo)

“El churrero de Lerín”

“¿Cuántas docenas te pongo?”,
brazos en horizontal,
el de enfrente dice el número
y comienza a salivar.

Ordeña entonces su masa
con la mayor de las gracias
y debajo está el aceite
esperándola impaciente

para que extienda su cuerpo
en un sublime momento
en que hierven de pasión
en un clímax de calor.

Y llega la espumadera
que entre el aceite bucea,
da fin a su relación
pues el churro está marrón.

Y mi churrero elegante
con sus míticos tirantes
su cucurucho prepara
y en él el manjar guarda.

Ahora sus labios preguntan:
“¿quieres que te ponga azúcar?”.
Dime, Rober, corazón,
¿hay alguien en toda la historia
que te haya dicho que no?

Fotos: Quique Lorente y Agustín Garnica

“Ventero”

Alguien lo nombró ventero
en un lugar de la Mancha
con poder para regir
todo un pueblo y sus andanzas.

Tras aprender a ordenar
caballeros en su venta
ha ideado la manera
de reinventar la leyenda.

Y ahora ordena mujeres
y las lanza en su montura,
salen a comerse el mundo
cuando emprenden su aventura.

Van convirtiendo en victorias
cada una de sus batallas
y el pueblo está ardiendo en ansias
de celebrar sus hazañas.

(Dedicado a Pablo Lloret)

Enrike Zelaia

Hace sonar con sus dedos,
hace sonar con su alma
lo que da vida a su vida,
lo que siente, lo que ama.

Suelta toda su energía,
balancea su instrumento
y hace que bailen las notas
enredadas en el viento.

Alegría, algarabía,
nostalgia, éxtasis, orgullo
de proceder de una tierra
y ser enviadas al mundo.

Pero no sólo sus notas
hablan de lo que lleva dentro
pues también su cara canta
expresándose en sus gestos.

(Dedicado a Enrike Zelaia)

“Cubriéndome la espalda”

 Hace más de veinte años
que ya no somos pareja
pero siento que aún estamos
en el frontón de la Peña.

La fuerza de mi raqueta
y mis sprints y estiradas
se doblaban de confianza
cuando a mi lado jugabas.

Te recordaré animándome
y cubriéndome la espalda
y cómo silbaba la S
cuando tú la pronunciabas.

Por eso cuando yo pase
por el frontón caminando
voy a detener mi paso
y, con mis ojos cerrados,

me pondré a escuchar el viento
hasta que lo oiga silbar
y me diga que, aunque falle,
tú la alcanzarás detrás.

(Dedicado a Imanol Pino Aramendía)

“Esculturas de sí misma”

Es una obra colectiva
de quien extrae la piedra,
quien la lleva hasta el taller
y quien trae las herramientas.

Y entonces llega el momento
de la culminadora artista
que hace en microsegundos
esculturas de sí misma.

Unas abandonando el suelo,
otras alcanzando altura
y tensando cada pieza
de ésa su musculatura.

Dibuja un arco perfecto
y entonces su brazo cincela
para culminar su obra
esculpida en la madera.

(Dedicado a Paola Martínez)

“Con su gancho”

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Es un duelo que se libra
en espacio limitado,
es un juego que consiste
en cazar o ser cazado.

Salen de su madriguera
y se entregan a su instinto,
arriesgan en cada acción
sin descuidar su cobijo.

Y destaca uno entre todos
porque es más veloz su olfato
que las piernas de todos los que
se enfrentaron con su gancho.

El golpe con el que tumba
a todos sus adversarios,
cuando se encarama al cielo
y, desde lo más alto,

lanza una piedra que cae
con velocidad creciente,
que golpea en lo más bajo
y se pierde para siempre.

(Dedicado a Aimar Olaizola)

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