“Mi paisaje”

Hubiese querido ir
a paisajes con arena,
olor a algas y sal
con el sol entre palmeras.

Hubiese querido ir
a paisajes de montaña,
buscar sendas entre riscos
y hacerme fotos con cabras.

Hubiese querido ir
a parques con monumentos,
con arcos de triunfo y lagos
entre turistas contentos.

Hubiese querido ir
a multitud de paisajes
pero me quedé con éste
habiendo hecho mi equipaje.

Y puede que mi paisaje
sea consciente de todo
porque ha hecho lo imposible
para mantenerse hermoso.

Se ha regado como hacía
un montón de primaveras
que no se regaba tanto,
en temporal y en tormenta.

Hasta se cubrió de blanco
en la víspera de abril
con lentos copos de nieve
brotando del cielo gris.

Se dio mil baños de sol,
se ha pintado de colores,
del rojo de la amapola
y todas las otras flores.

Cereales gigantescos
con un verdor que enamora
y ribazos con arbustos
con su minúscula flora.

Es año de monogamia
y lo sabe mi paisaje,
sabe que estaré con él
sin salir a otros parajes.

Y, al quererme complacer,
alegrar y deleitar,
se ha vestido de hermosura
como no lo hizo jamás.

“Rimar”

Es un cóctel de palabras
y de ideas que combinan
con emociones ocultas
que reclaman amnistía.

Saboreas el poder
que posee lo pequeño
cuando unas pocas palabras
pueden sacar de su encierro

anhelos, sueños, deseos,
amor de seres queridos,
lugares que son emblema
y refugio de uno mismo.

Es un juego en el que el ritmo
se mezcla con las metáforas
y va entrando en armonía
lo de antes con lo de ahora.

Y no sólo sientes gozo
al ver cómo todo rima
pues el regalo mayor
viene después de tu firma

cuando llega quien lo lee
y se deja penetrar
por la métrica y la rima
y por todo lo demás.

Sigue así tomando vida
al encarnarse en aquél
en cuya alma algo despierta
ese trozo de papel.

Y así rimas con amigos,
rimas con desconocidos
y el corazón de esos seres
también rimará contigo.

Qué grande es la poesía
que ha venido a darme fuerza
en un momento en que todo
se ha puesto contra las cuerdas.

Y ha venido a recordarme
la gente con la que rimo,
esa por la que merece
la pena seguir muy vivo.

“Amanecer”

Amanece antes que el día
y se viste de energía,
reconoce su pereza
y la encierra en su mesilla.

Piensa en si pasará frío
mientras despierta sus músculos,
los anima, los motiva,
los grandes y los minúsculos.

Abre la puerta y se lanza
guiada por las farolas,
sólo hay un tímido atisbo
de la luz del sol que asoma.

Siente el aire y su pureza,
casi le llega a embriagar,
dando zancadas más sueltas
y con más velocidad.

El paisaje va cambiando
en la tierra y el cielo,
que va vistiendo de luz
y color todo su cuerpo.

Ya se ha quitado el pijama
con la luna y las estrellas
y, jugando a los posados,
viste sus prendas de seda.

Un éxtasis de colores
que aparecen y se esfuman
mientras hace las delicias
de quien cada vez más suda.

Es posible que haya estampas
en que el cielo y el paisaje
combinen de tal manera
que le obliguen a pararse.

Y parará su cronómetro
pues la ocasión lo reclama,
espectáculo sublime
que reequilibra su alma.

Y tras cumplir el ritual,
reconquistará su ritmo,
para volver a su casa
con los deberes cumplidos.

Tras la ducha merecida
el más merecido almuerzo,
rematando ese placer
que volvió en la fase cero.

Foto superior: Iñaki Silveira (Valencia)
Foto inferior: Puri Martínez (Valle de Aranguren, Navarra)

“Riesgos laborales”

Con carpeta bajo el brazo
se presentan por sorpresa,
son los técnicos en riesgos
laborales de tu empresa.

En menos de dos minutos
te ponen patas arriba
la forma de trabajar
que has tenido de por vida.

Tu manera de sentarte,
la altura de la pantalla,
la distancia entre la silla
y la mesa en que trabajas.

Pausas para levantarte
o para dar un paseo,
date cuenta que tu espalda
no es de cemento o de hierro.

Te da la mano y tú piensas:
“él se va como si nada”
pero la inseguridad
ésa la deja en tu sala.

Cambias cuatrocientas veces
el teclado y la pantalla
y te compras un atril
para no dañar tu espalda.

Y hay noches en las que sueñas
que te vuelve a visitar
y que algo de lo que dijo
preferiste no cambiar.

Y te despiertas de golpe,
recuperas el consuelo
cuando ves que todo aquello
ha sido tan solo un sueño.

Me acuerdo mucho estos días
de ese ser seguro y firme
que lo tiene todo claro
y tan rotundo lo dice.

Y pienso en por qué no viene
y me explica cómo hacer
mi trabajo desde casa
sin pausas para comer.

Tal vez no he cogido el virus
mas cogí la solitaria
pues los almuerzos de siempre
me dejan como si nada.

Riesgos del teletrabajo,
el mayor la obesidad,
que me envíen al experto
y calme mi hambre voraz.

“Humor”

Cuando el cielo se enfurece
y comienza a apedrear
destrozando los frutales
y arrasando el cereal.

Cuando un torrente recoge
todas las aguas del cielo
y como un cañón devasta
lo que encuentra por el suelo.

Cuando una gran nube negra
te cubre de oscuridad,
sientes soledad y frío
desamparo y ansiedad.

Tienes en ti un arcoíris,
un refugio temporal,
un amigo, una caricia,
un abrazo maternal.

Es coraje, es rebeldía,
es consuelo, es libertad,
eres tú misma y tú mismo
queriéndote reivindicar.

El amor de tu familia,
de tu pueblo y tus amigos
estará presente en él,
es tu cultura y tu sino.

Tal vez no cambie en destino
pero te ayuda a fijarte,
en vez de en la oscuridad,
en el claro que se abre.

Es abrigo, es esperanza,
es alimento y sonrisa,
es futuro, es ilusión,
es seguridad y vida.

El humor que haces brotar,
¿qué, si no, podría ser?
No existe nada más tuyo
ni más valioso que él.

“Almacén de abrazos”

Dónde guardo los abrazos
que brotaron para ti,
los de las noches de marzo
y las mañanas de abril.

Y los que siguen brotando
como las flores de mayo
y aquellos que brotarán
hasta que me quite el sayo.

Al principio era algo fácil,
más o menos uno al día,
los guardaba sin problemas
en cualquier estantería.

Eran abrazos muy fuertes,
enérgicos, vigorosos,
de los de “no te preocupes,
que esto va a pasar muy pronto”.

Pero luego hubo inquietud,
morriña y algo de miedo,
me venían en manada
y mi armario acabó lleno.

Eran abrazos más largos
y algunos muy diferentes
a como son los abrazos
que nos hemos dado siempre.

Improvisé un almacén
y allí los tengo guardados,
con tu nombre, con su fecha,
todos bien catalogados

para conservarlos todos,
que no se pierda ninguno
y, cuando llegue el momento,
dártelos uno por uno.

Algunos van con estruje,
otros son con carrerilla,
con palmadas en la espalda
e incluso alguna caricia.

Algunos vienen con lágrimas
o con principios de asfixia
y algunos, de puro largos,
nos van a producir risa.

Quedaremos tantas veces
como sea necesario,
no quiero volver a casa
y encontrar algún abrazo

que guardé en el almacén
y le tenga que decir
que me entró algo de vergüenza
y al final no te lo di.

“Exclaves”

El plan de desescalada
articulado por fases,
¿tendrá en cuenta a nuestros pueblos
que son parte de un exclave?

Los pueblos que se entregaron,
como si fueran monedas,
por recompensar favores
o en pago tras una guerra.

Caprichos de nuestra historia
que, en mapas de la región,
dejan ficticios islotes
y debates de razón

entre históricos derechos,
cercanía y comodidad
cuando los viajes son largos
para ir a la capital.

Llegará la fase uno,
sin salir de la provincia
se podrá ir a la otra casa
que posea la familia.

¿Y qué harán los de Treviño,
de Ademuz o de Petilla
y de los otros exclaves
que hay en nuestra geografía?

¿Tendrán permiso especial
para recorrer kilómetros
fuera de todo control
hasta entrar en territorio?

¿Y aquéllos, que serán muchos,
cuya segunda vivienda
esté en aquella provincia
en que el exclave se encuentra?

Puede ser que en el contrato
de los reyes medievales
que, como favor o pago,
entregaron los exclaves

esto estuviera previsto,
tal vez ha llegado la hora
de quien siempre ha defendido
el gran poder de la historia

para no cambiar los mapas
por histórico derecho
le pasen los manuscritos
y analice los decretos.

Foto superior: mapa de la Comunidad Foral de Navarra
Foto inferior: Petilla de Aragón (Navarra)

“Camino a la normalidad”

Llevamos días hablando
de cómo y cuándo será
esa situación que viene,
la nueva normalidad.

Una situación sin fiestas,
con bares semivacíos,
con deporte sin su público,
bañándonos en el río,

con enseñanza a distancia,
trabajando desde casa,
con horarios de paseo,
sin conciertos en la plaza

no cabe duda que es
una situación real
pero nunca podrá ser
una situación normal.

Un estado transitorio,
camino a la normalidad,
puedo ser largo e incierto
mas es la oportunidad

de dejarnos seducir
por la magia y el placer
que sólo puedes sentir
cuando es la primera vez.

Primer paseo con niños,
primer paseo en pareja,
tu primer paseo solo
y tu primera carrera.

Primera visita de abuelos,
barbacoa con amigos,
primer paseo en el parque
y primer baño en el río.

Y cada día una cosa,
reuniones de trabajo,
excursiones por el monte
y los ansiados abrazos.

Siéntete iluso o ingenuo,
tonto, pero no vacío,
no sea que por ansiar la meta
puedas perderte el camino.

“Kilómetro”

Una baldosa, una piedra,
un árbol que no podaron
cuyas ramas alargadas
están dibujando un arco

que tiene la misma forma
que el que hay en el soportal
donde alguien dejó un grafiti
con prisas por acabar.

Y enfrente, bajo el balcón,
luce un heráldico escudo
que nos recuerda el linaje
de quien el hogar fue suyo.

Chicles que no se despegan,
pegatinas en farolas
con eslóganes políticos
que arrancaron a las horas.

Otros verán más paisajes
con montes y con molinos,
con cabañas de pastor
y el serpenteo del río

que, en su murmullo, nos cuenta
que va en busca del siguiente
queriendo que sienta orgullo
de tenerlo de afluente.

Fábricas, unas vacías,
otras emitiendo ruido
demostrando que hay sectores
que continúan muy vivos.

Y en los campos y los parques
flores nacidas en marzo
que, con las aguas de abril,
tienen su esplendor en mayo.

Hablaremos con el cielo,
con el viento, con el mar,
es probable que al principio
no queramos más que andar.

Y a la mañana siguiente
notando la inactividad
nos sentiremos cansados
y querremos contemplar

el mundo que nos rodea
un kilómetro a la redonda
con detalles que, aunque estaban,
nunca vimos como ahora.

Foto inferior: fachada de una antigua fábrica de conserva de pescado en Santoña (Cantabria)

“Paréntesis”

El día en que comenzamos
con este estado de alarma
con sensación de paréntesis
nos encerramos en casa.

Con ilusión o inocencia
abrimos el de la izquierda
convencidos de que pronto
vendría el de la derecha.

Y saldríamos de casa
de nuevo a nuestro trabajo,
a los bares, a la vida
tal como la dejamos.

Con ilusión o inocencia,
tal vez malacostumbrados
a que todos los desastres
atacaran a otros lados.

Desgracias de minoría,
estado del bienestar,
no pensamos que el paréntesis
se podría no cerrar.

Y después de mes y medio
el paréntesis que cierra
no se halla por ningún lado,
¿se evaporó con la niebla?

No sabemos dónde está
ni si un día volverá,
la vida cuando salgamos
parece que no será igual.

Es momento de pensar
que sigue siendo mi vida,
no puedo estar esperando
a esa línea torcida.

Cuantas veces he escuchado
frases que tanto resuenan,
que todo pasa por algo,
no hay mal que por bien no venga.

Pues ha llegado el momento
de tener que descubrir
el algo por el que ha pasado
y el bien que viene por mí.

Así me lanzo a su búsqueda
antes de la fase cero
y, en cada fase que venga,
volveré a buscar de nuevo.

Vuelvo a coger el timón
con la brújula o sin ella
pues no puedo esperar más
al paréntesis que cierra.