En el Citröen GS
mi sabio padre advertía
que no fuese a disgustarme
pues mi equipo perdería.

Último contra primero,
y encima de visitante,
no había nada que hacer
el domingo por la tarde.

Y tal vez me lo creí
hasta que rodó la esfera
teñida de nuestro azul
en la mítica Galera.

Goliat no podía dar crédito
al verse tan desbordado
por David que iba creciendo
asestándole sus palos.

El héroe de la Galia
era nieto de don Galo
y espoleaba a sus bleus
pasando sobre el contrario.

Autopases y regates
de los que hacen historia,
iniciaba los ataques
e hizo el gol de la victoria.

El héroe de la tarde
me contó la explicación
de cómo se fue forjando
tan magna motivación.

La que forjó la victoria
nació en una discoteca
cada sábado de invierno
donde los chicos se retan.

“Os vamos a meter doce”
era la frase imprudente
que a la bestia picaría
poniéndole tan caliente

que aquel niño que en la grada
celebraba la victoria
la tiene grabada a fuego
como una imborrable historia.

Y, como seguíamos últimos,
ahí tuvo su esplendor
el legendario refrán:
“quien ríe último, ríe mejor”.