Cada vez que leo cómo
será la desescalada
pienso en el noventa y uno
y aquella mítica etapa.

Tras escalar con el grupo
el mítico Tourmalet
Miguelón lanzó su bici
contra el vacío francés.

Un descenso memorable,
la madre de todas las bajadas,
fue su gran golpe de mano
para conquistar la Galia.

Vuelvo a volver al presente,
a nuestra desescalada,
después del nueve de mayo
pero, ¿por qué esa palabra?

¿No será descuarentena,
si no desconfinamiento
o simplemente apertura
pues no existe “desencierro”?

¿Será que para asegurar
y evitar más los contagios
la gente se ha aislado más
y ha escalado hasta el tejado

y ahora tienen que bajar,
por eso desescalar,
cogidos a la canaleta
y hasta el suelo regresar?

¿O es que pasan tanto rato
en balcones y terrazas
que se les cerró la puerta
y han de bajar por la tapia?

Ya darán las instrucciones
de cómo desescalar,
mientras sigo recordando
a mi Miguelón bajar.

Cuando Echávarri le dice
que mejor espere al Diablo
porque queda mucha etapa
y hay que escalar puertos largos.

Yo no sé desescalar,
ésta es mi primera vez,
¿con un diablo, con un ángel?
Llamaré a José Miguel.

Imagen superior: César Oroz (portada de mi libro “La leyenda de Miguel”)