Ser lince implica ser listo,
saber cazarlas al vuelo,
aprovechar bien tus bazas
y ser astuto en el juego.

Nuestros linces se enfrentaban
en duelo de vida o muerte
a un enemigo feroz
que todas especies temen.

Pero no tuvieron miedo
y, si acaso lo tuvieron,
fue más fuerte la confianza
y, desde el primer momento,

sacó partido a su juego,
atacó con decisión,
supo manejar los tiempos
y hasta los ojos de halcón.

Y el enemigo acabó
sacando su bandera blanca
demostrando que la astucia
del lince es una gran arma.

Dedicado a los Red Lynxes