Pasaron un año entero
guardadas en el armario
haciéndose compañía
añorando el escenario

en el que huele a sudor
mientras canta la afición,
darse un baño en lavadora
y regresar a la acción.

Tal vez se hizo largo el año,
tal vez ellas ya sabían
que aquello no era el final
y pronto regresarían.

Por eso yo estoy seguro
que, cuando ella abrió la puerta,
sabían en qué rodillas
volverían a ser puestas.

Recordaban el camino
a las Montañas de Taco
y ese canto “Vamos Haris”
que tanto habían ansiado.

Y las ganas que tenían
de que Flavia las maltrate
contra la dura madera
para salvar el remate.

Dedicado a Flavia Dias de Lima