Un día se miró al espejo,
tal vez no le gustó su aspecto
y pensó que estaría mejor
si se ponía un sombrero.

Y entonces vino a su memoria
su infancia en el dúo gala
conquistando un disco de oro
con la canción mexicana.

Y no dudó en elegir
el sombrero que tocaba
y con su traje de charro
volvió de nuevo a la carga.

Y esa ilusión renacida
se ha hecho mayor de edad,
pues ha cumplido dieciocho
y no cesa en deleitar.

Y ha celebrado el evento
con su disco número trece
el que algunos afirmaban
que traía mala suerte.

No sólo ha sabido unir
el número uno y el tres
sino que lo ha puesto todo
de delante y del revés.

Y mezclando y fusionando
ha hecho un monumento al arte
pues no hay nada más hermoso
que hermosura en mestizaje.

Ojos negros flamencones,
bolero, reggae loquillo,
sabrosura caribeña
y la de la saga Urquijo.

Acordes de vieja molienda,
historia de alma rapera
y legendarias guitarras
y voces de raza roquera.

Y para que cuando hierva
alcance el máximo sabor,
folklore de nuestra tierra
con mítico acordeón.

Y algo también de ranchera
que si no no tiene excusa
para lucir el sombrero
que su flequillo camufla.

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