Hace sonar con sus dedos,
hace sonar con su alma
lo que da vida a su vida,
lo que siente, lo que ama.

Suelta toda su energía,
balancea su instrumento
y hace que bailen las notas
enredadas en el viento.

Alegría, algarabía,
nostalgia, éxtasis, orgullo
de proceder de una tierra
y ser enviadas al mundo.

Pero no sólo sus notas
hablan de lo que lleva dentro
pues también su cara canta
expresándose en sus gestos.

(Dedicado a Enrike Zelaia)

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